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domingo, 12 de octubre de 2014

Buenos ejemplos MUNDO MODERNO / RENACIMIENTO

ARQUITECTURA
EDIFICIO DE CULTO
1.       Baptisterio de Pisa y Torre (Italia) 1300 1500
2.       Basílica de Santa María Maggiore  Roma. Varios
3.       S. Pietro in Montorio, y el Tempieto. De Bramante. 1502
4.       Basílica de San Giorgio Maggiore Venecia 1566 Arq. Palladio
5.       Basílica de Santa María Novella. Florencia  Arq. Alberti 1420 1470
6.       Basílica de la Santa Cruz (Florencia) Arq. Vasari  1550
Vivienda
Palacio
1.       Palacio Barberini, de Bernini. Roma
2.       Palacio Corner Spinelli. Venecia
3.       Palacio de los Diamantes. Ferrara
4.       palacio Ducal Venecia
5.       Palacio Farnesio siglo XV. Roma
6.       Palacio Medici Riccardi. FIRENZE
7.       Palacio Rucellai. FIRENZE
8.       Palazzo Antonini Udine 1556 Andrea Palladio
9.       Palazzo Porto Vicenza 1544 Andrea Palladio
10.   Palacio Pitti. Florencia
Villas
1.       Villa Foscari La Malcontenta,  Andrea Palladio
2.       Villa Madama 1517 1520 Rafael Roma
3.       Villa Medicis. Da Sangallo
4.       Villa Pisani. Andrea Palladio
5.       Villa rotonda Andrea Palladio 1566 1570 Vicenza
6.       Villa Valmarana Vicenza 1563, Andrea Palladio
Nuevos programas, edificios singulares
1.       Campidoglio. Miguel Ángel
2.       Florencia 1420 Galería Ufizzi
3.       Florencia. Hospital de los inocentes
4.       Librería de San Marcos (Venecia)
5.       Ponte Vecchio Florencia
6.       Plaza Navona (Piazza Navona en italiano) Roma
Propuesta urbana  proyecto o utopía
1.       Ciudad ideal Saarlouis y otras por el Ing. militar Vauban 1700
2.       Palmanova y fortalezas estelares
3.       Sforzinda ciudad ideal de Filarete

DISEÑO
MOBILIARIO Y EQUIPAMIENTO
1.       Mesas, sillas y sillones
2.       Armarios, baúles, lugares de guardado
3.       Camas y mobiliario de dormitorio
MEDIOS DE TRANSPORTE
1.       Embarcaciones
2.       Carruajes varios
INDUMENTARIA, TEXTILES Y ACCESORIOS
1.       Ind. Femenina
2.       Ind Masculina
3.       Uniformes
ARTE, INVENTOS Y ADELANTOS CIENTIFICOS
1.       Artefactos de Leonardo Da Vinci
2.       Inventos para la navegación y astronomía

3.       La representación y el proyecto. La perspectiva

sábado, 11 de octubre de 2014

Power Renacimiento


Buen material para el TP

http://www.slideshare.net/canfora/arte-renacimiento-arquitectura?from=email&type=share_slideshow&subtype=slideshow

Uniformes tradicionales ingleses

De Beefeaters y Cuervos


Beefeater es el apodo que reciben los guardias de la Torre de Londres, cuyo nombre oficial es Vigilantes Alabarderos del Palacio Real Fortaleza de la Torre de Londres. Se remontan al reinado de Enrique VII, cuando en 1485 el rey decidió dejar en la Torre para su protección a sus doce guardias más ancianos y enfermos. 
El origen de la curiosa palabra, que podría traducirse por comedor de carne de vacuno, es desconocido. Una teoría hace proceder el término del vocablo francés buffetier. Los buffetiers eran unos guardias en los palacios de los reyes de Francia cuyo cometido era proteger la comida del soberano. Pero parece más probable que el término beefeater derive del hecho de que en aquellos tiempos se les pagaba parte del salario en carne, una tradición que se mantuvo hasta el siglo XIX. 
Los uniformes de gala que visten en ceremonias oficiales, de color escarlata y oro, datan de 1552. Fue la reina Isabel quien añadió la golilla blanca alrededor del cuello. Pero las iniciales E R que llevan hoy bordadas, y que significan Elizabetha Regina, no se refieren a ella, sino a Isabel II, la actual reina. Los Beefeaters que se ven en la Torre de Londres en la actualidad llevan habitualmente el uniforme azul que les concedió la reina Victoria en 1858, también con las iniciales de su soberana. 
Uniforme de gala
No es tan fácil ser candidato a guardia de la Torre, porque para ello es necesario, entre otros requisitos, haber pasado previamente largos años en el ejército. Una vez admitido, el guardia ha de pronunciar un juramento de lealtad que se remonta a 1337. 
En el año 2007 ingresó en el cuerpo la primera mujer, la escocesa Moira Cameron, tras derrotar a 5 aspirantes varones. No todos los Beefeaters dieron la bienvenida a su colega femenina: hace un año la Torre informó que tres de los guardianes estaban siendo investigados por acoso, y que dos de ellos habían sido suspendidos de su cargo. Hubo acusaciones de intimidación, notas desagradables en el casillero de Moira y daños en su uniforme de gala. 
Los Beefeaters realizan 21 tareas diariamente, entre ellas la ceremonia de las llaves. Pero las principales, ahora que ya no hay prisioneros de los que ocuparse, son proteger las joyas de la Corona y atender a los miles de turistas que visitan el lugar cada día. También se requieren sus servicios cuando se corona a un monarca. 
Moira Cameron con dos de sus compañeros
Algunos de los guardias son especialmente adiestrados para cuidar de los cuervos que viven en la Torre. Reciben entonces el nombre de Ravenmasters. Su función es muy importante, porque cuenta la leyenda que el día en que los cuervos abandonen el lugar, la torre Blanca se desplomará y el Reino Unido desaparecerá. De ahí que, según la creencia popular, para impedir la tragedia Carlos II publicara un real decreto que obliga a mantener seis cuervos. 
El rey Carlos II habría tomado esta decisión en contra de la opinión de su astrónomo John Flamsteed, quien se quejaba de que las aves entorpecían su labor en el observatorio de la Torre Blanca. Para solucionar el problema, en vez de desalojar de allí a los cuervos, el rey decidió trasladar el observatorio a Greenwich. Sin embargo, es de señalar que no contamos con suficientes evidencias acerca de la presencia de cuervos en la Torre antes del siglo XIX, por lo que la historia bien podría ser un mito victoriano
El origen de la leyenda se remonta a 1136, cuando Geoffrey de Monmouth escribió Historia Regnum Britanniae. En su obra, que recoge muchos mitos celtas, se refiere a un antiguo rey del siglo V llamado Bran Hen de Bryneich, siendo Bran la palabra galesa que designa al cuervoEste rey cayó en batalla y su cabeza fue enterrada como talismán contra cualquier posible invasión. Y resulta que en ese lugar donde se enterró la cabeza del rey cuervo se erigió posteriormente la Torre de Londres.  
A fin de retener a las aves y evitar que huyan, los cuidadores les recortan las plumas del ala derecha cada tres semanas. De ese modo su vuelo se desequilibra, aunque se asegura que el procedimiento no les lastima. A pesar de las drásticas medidas, algunos de ellos consiguen escapar, mientras que otros, simplemente, son “despedidos”. Raven George fue “desterrado” a un zoo en 1986 por comerse antenas de televisión, y Raven Grog fue visto por última vez fuera de un pub del East End llamado The Rose and Punchbowl, después de haber vivido 21 años en la Torre. Por eso, en previsión de estos inconvenientes, a los seis cuervos de rigor se suma siempre uno extra. Cuando durante la Segunda Guerra Mundial, y debido a los bombardeos, sólo Raven Grip sobrevivió, fue el propio Winston Churchill quien ordenó que los desaparecidos fueran reemplazados. 
Los guardias dicen que los cuervos son los auténticos Beefeaters, puesto que reciben diariamente su ración de carne de vacuno. Se les alimenta bien. Cada día comen 6 onzas de carne y galletas para ave empapadas en sangre. Una vez a la semana se les da un huevo, y de vez en cuando un conejo con su piel, además de las sobras de la cocina. 
Desde 1986 se lleva a cabo un programa de reproducción de estas aves. Raven Charlie y Raven Rhys se han apareado, y de su unión han salido 17 nuevos ejemplares. 
Los cuervos pueden alcanzar una edad avanzada. El más anciano fue Jim Crow, que vivió 44 años. Pero nunca se los olvida: junto a la entrada sur de la Torre se levanta un monumento en memoria de los cuervos fallecidos.

Cementerio de los cuervos en la Torre de Londres

LAS MENINAS Y SU VIDA DOMESTICA

Las mujeres en la Corte de los Austrias

Las Meninas - Velázquez
Las Casas Reales eran las encargadas del cumplimiento del ceremonial y de la etiqueta, así como de mantener el boato y la magnificencia de las que se rodeaban los Austrias, símbolo del poder monárquico. En tiempos de Felipe II, la Casa de la Reina se separó de la del Rey. Apenas diferían en estructura y funciones, pero la de la Reina carecía de guardias reales y acemilería, y los actos religiosos eran compartidos con los empleados del rey.
Las damas, cuyo número osciló entre 30 y 150 dependiendo del reinado y del momento, cobraban por el puesto que ocupaban, que era susceptible deascensos. Por tanto, existía una jerarquía, siendo el cargo más importante el de Camarera Mayor, seguido del de Dueñas de Honor. Después iban las damas, azafatas y las criadas de cámara y mozas de retrete; lavanderas, guardadamas mayores y menores, etc. Por último estaban las enanas.
La camarera debía dormir en el cuarto contiguo al de la reina. Generalmente era viuda, muy ducha en protocolo y, desde luego, de noble cuna. Su atención a la reina era constante, la asistía durante el aseo y la acompañaba en sus salidas. Además, velaba para que el comportamiento de las damas se ajustara al decoro. En cuanto a las Dueñas de Honor, eranviudas pobres de buen linaje, cuya principal misión consistía en acompañar a las solteras y responsabilizarse de ellas.
Margarita de Austria, reina de Felipe III
Mención aparte merecen las nodrizas, que gozaban de especial protección durante el tiempo que duraban sus servicios. Una agresión sexual a una nodriza podía ser constitutiva de delito de traición, por la posibilidad de que afectara a su labor. Es de destacar que en tiempos de Carlos II se empleó a 31, junto con otras 62 suplentes por si eran necesarias. 
Terminado el plazo para el que se las había empleado, la nodriza recibía una pensión, o bien empleos para sus esposos e hijos. A veces, incluso, permanecía en la corte y ejercía mucha influencia, como doña Ana de Guevara, nodriza de Felipe IV, quien tuvo un papel relevante en las conspiraciones contra Olivares.
Aparte de la nodriza, el aya de los infantes cuidaba de la crianza y alimentación de los hijos del rey. Los acompañaba, se ocupaba de que sus aposentos estuvieran en perfecto estado y de que se les sirviera con todos los honores. Además, dormía en su misma cámara.
Doña Margarita de Austria, madre de Felipe IV, aparte las cuatro Damas titulares de cargos, solía tener a su servicio otras cuatro más. Pero el personal femenino iba a multiplicarse tanto que al bautizo de Carlos II asisten ya 5 meninas, que son las futuras damas, menores de quince años; 18 damas; la Guarda mayor del Palacio de la Reina, 5 señoras de honor, el Aya del Príncipe y la Camarera de la Infanta. Se calcula que la reina doña Mariana tenía más de 300 mujeres a su servicio.
Se llegaba a alcanzar uno de esos codiciados puestos entre las damas de la reina como recompensa hacia algún miembro de la familia cuyos servicios merecían ser distinguido con algún honor, o bien por mera tradición familiar. A pesar de la escasa libertad de la que gozaban, tenían permiso para visitar a sus parientes. A veces llegaban a palacio siendo aún unas niñas, y era una buena oportunidad para aprender los usos cortesanos y hacer una buena boda, con un matrimonio que debía ser autorizado por la reina. 

Mariana de Austria, reina de Felipe IV

Durante el siglo XVII las damas de palacio residían en los pisos altos, disponiendo cada una de habitaciones particulares para sí mismas y para las dos sirvientas que permite la etiqueta, además de las suplementarias que procediera tener. 
El Alcázar, suntuosísimo, está lleno de lujo y elegancia, un lugar que las damas de la reina animan con su juventud, belleza y alegría. “No han de vivir confinadas en harén, como sus predecesoras musulmanas, ni siquiera en clausura de gineceo, sino que circulan, aunque jamás solas, por cámaras y salones, corredores, patios y jardines; decoran las fiestas de la corte, las procesiones y otros desfiles, salen en público acompañando a los reyes; tienen, pues, innumerables oportunidades de ver y de ser vistas. No es extraño que procuren atraer hacia su gentileza natural o sus adquiridas pero bien compuestas galas, la atención masculina… Corresponden, lógica y cortésmente, los varones con miradas, sonrisas, piropos, pláticas y valiosos obsequios”.
Había pocos solteros jóvenes, porque la mayoría o bien se encontraban sirviendo lejos de la corte o su juventud no les había dado aún rango suficiente para ser allí recibidos. La mayoría de las parejas que “se anudan, divorcian, entrecruzan o intercambian” suelen ser entre un hombre casado y una mujer soltera. Esto es moderadamente tolerado, aunque cuando la dama se case ya no gozará de tal permisividad y habrá de guardar la mayor circunspección, porque“el hombre reputa baldón imborrable consentir que llegue a ser depositaria de su honor y madre de sus hijos doncella o viuda con mácula de liviandad presunta, cuanto más notoria y divulgada en la corte”.
Ana de Austria, reina de Felipe II
Existe separación de sexos en estrados, carrozas, templos, teatros, plazas de toros y demás lugares de reunión. En los desfiles, procesiones y demás ceremonias llevan los lados de cada dama dos gentileshombres, y la cola un mayordomo. No se puede mantener conversaciones particulares mientras se danza, porque la conversación no se considera adecuada a los movimientos majestuosos de la danza ni al rígido protocolo o “la indefectible e indiscreta proximidad de ojos y oídos, benévolos u hostiles, pero invariablemente curiosos, avizores, expertos y agudísimos. El único diálogo sutil permitido se mantiene a distancia, con el lenguaje pueril de los dedos, y el hábito imprime a este habla por señas ritmo vertiginoso, que solo, muy atentos, pueden seguir los iniciados”.
La religiosidad de Margarita de Austria llegaba al extremo de incitar obsesivamente a sus damas para que entraran en un convento. Llevaba su misticismo a tal grado que cuando estaba en la capilla tenía visiones y creía oír voces. Sobre estas premisas, el rigor debía de ser asfixiante para cualquiera de sus damas, y marcaría la pauta de lo que habría de ser la vida en la corte a lo largo de ese siglo. Ciertamente la disciplina se burlaba de continuo, pero los amores clandestinos se enfrentaban a las posibles denuncias, y las consecuencias podían ser muy graves. Ello no consiguió impedir que durante la regencia de Mariana de Austria los galanteos estuvieran tan a la orden del día que fue imposible acabar con ellos. Los galanes eran demasiado osados, y su alcurnia los protegía. El Mayordomo Mayor, desesperado y escandalizado por tanta inmoralidad, en 1666 insta a la reina a hacer algo al respecto. Era aún la época del donjuanismo. Hacía unas décadas que Tirso de Molina había recogido en su Burlador de Sevilla el mito de Don Juan. 

Bibliografía:
Vida y reinado de Carlos II – Duque de Maura
Mariana de Austria en la encrucijada política del siglo XVII – Laura Oliván Santaliestra
elartedelahistoria.wordpress.com/2008/01/04/las-nodrizas-en-la-corte-de-los-austrias/
mujeresdelacorte.blogspot.com.es/2009/03/damas-de-la-corte.html

LEONARDO ARTISTA Y GENIO

La rodela de Leonardo

Leonardo quería entender la naturaleza para imitarla; pero imitarla no copiando las formas exteriores, sino reproduciendo sus actos generativos que hacen germinar sus obras desde dentro; quería entenderla analizándola e imitarla creando; lo primero es ciencia, lo segundo arte; y ambos, en Leonardo, una y la misma cosa. Unidos indisolublemente, ciencia y arte forman el método de conocimiento generativo: entender para crear, componer conociendo.
Un día , hacia 1513, el jardinero del Belvedere encontró un monstruoso lagarto cuyas alas vibraban ominosamente; la extraña criatura era obra de Leonardo, amante de la mistificación, que se complacía en crear formas que compitieran con la naturaleza. De joven su padre le había pedido que decorara una rodela traída por un colono.
Un día, cuenta Vasari, tomó Leonardo en sus manos aquella rodela y viéndola torcida, mal trabajada y tosca, la enderezó con el fuego y la entregó después a un tornero para que la hiciera lisa y delicada; después la enyesó y preparó a su manera y comenzó a pensar qué podría pintar en ella para que asustara a quien la mirase de frente de modo que produjese el mismo efecto que la antigua cabeza de Medusa. A este efecto llevó Leonardo a una estancia donde no entraba sino él, salamanquesas, lagartos, grillos, serpientes, mariposas, langostas, lechuzas y otras extrañas especies de animales semejantes, de la multitud de los cuales, variamente combinada, sacó un engendro horrible y espantoso, el cual pintó de tal modo que parecía envenenar y abrasar el aire con su aliento; salía de una roca oscura y quebrada, echando veneno por las fauces abiertas, fuego por los ojos y humo por la nariz, de modo que parecía cosa monstruosa y horrible, y pasó tanto tiempo en completar aquella obra, que el hedor de los animales muertos era insoportable en la estancia, pero Leonardo no lo sentía por el grande amor que ponía en su arte.
Acabada la obra, que ya no le pedían el campesino ni su padre, Leonardo dijo a éste que podía mandar cuando quisiese a buscar la rodela, pues, por su parte, la consideraba terminada. Fue, pues, messer Piero una mañana a dicha estancia por la rodela; llamó a la puerta y Leonardo, sin abrirle, díjole que aguardase un poco, y volviendo a la habitación colocó la rodela a la luz, sobre un caballete, y dispuso la ventana de modo que diese la luz deslumbradora; después hizo pasar a su padre. Messer Piero, al ver la rodela de pronto y no esperándose aquello, se sobresaltó, no creyendo que fuese rodela, ni siquiera que estuviese pintada aquella figuración que veía; y se dispuso a huir cuando Leonardo le contuvo diciéndole:
Esta obra sirve para lo que ha sido  hecha; tomadla, pues, y llevadla, pues tal es el fin que debe esperarse de toda obra.


En estas bromas, como en todas las cosas hechas por placer, se perciben, en estado puro, los propósitos más profundos, las intenciones semiinconscientes del espíritu creador; ellas revelan el deseo de Lenoardo por trascender y borrar las limitaciones de la naturaleza, combinando aspectos de diferentes seres en una unidad orgánica nueva. Su actitud hacia la naturaleza no es de discípulo, sino de competidor. Su propósito no es estudiar para copiar, sino transformar y crear de nuevo, siguiendo los dictados de su imaginación. "Las cosas naturales son finitas, pero las obras que el ojo puede ordenar de la mano son infinitas".

Pensamiento clásico en el Renacimiento

La Academia Platónica de Florencia

Villa Careggi
En la villa Médicis de Careggi, cerca de Florencia, existía una capilla con el busto de Platón. Ante él se celebraba una curiosa ceremonia consistente en coronarlo de laurel mientras ardía la llama de una lámpara votiva. Nueve humanistas celebraban su aniversario con fiestas y panegíricos; se reunían regularmente para leer sus obras y desentrañar su sentido oculto en laAcademia fundada por Cosme de Médicis en 1459. 
Según la tradición, cuando veinte años antes Cosme escuchó al filósofoGemisto Pletón e inspirado por su contacto con el mundo bizantino, decidió fundar la Academia Platónica en su propia ciudad, pero comprendiendo que el tiempo aún no estaba maduro para llevar a cabo el proyecto, lo demoró hasta reconocer en el joven Marsilio Ficino el instrumento a través del cual podría realizar su sueño. Durante su infancia Ficino fue seleccionado por Cosme para ser educado en las humanidades. Más tarde aprendió griego y tradujo al latín las obras de Platón, una tarea que completó en solo cinco años. 
Bajo el mecenazgo de Cosme, y continuando con el de Lorenzo el Magnífico, la Academia floreció y se convirtió en centro espiritual del Renacimiento florentino a finales del Quattrocento. Buscaba inspiración en los ideales de las civilizaciones griega y romana, especialmente a partir de fuentes literarias y filosóficas. Florencia era entonces el centro europeo del arte y la cultura, y muchos talentos de muchos campos diferentes resultaban atraídos por la Academia Platónica, entre ellos el propio Lorenzo de Médicis, el arquitectoAlberti, el poeta Poliziano o Pico della Mirandola, el primer erudito cristiano en enseñar la teología mística de la cábala judía. 
Marsilio Ficino, el alma de la Academia, mantenía además correspondencia con eruditos de toda Europa. Él mismo cuenta una de las reuniones en suComentario al Simposio de Platón
Platón y Aristóteles
“Platón, el padre de los filósofos, murió a la edad de 81 años, el 7 de noviembre, día de su cumpleaños, reclinado en su triclinio después de que el almuerzo había sido retirado. Este banquete, en el cual estaban contenidos tanto el aniversario del nacimiento como el de la muerte de Platón, era celebrado cada año por los antiguos platonistas, incluidos Plotino y Porfirio. Después de Porfirio, estas solemnes fiestas fueron olvidadas durante mil doscientos años. Por fin, en nuestro tiempo, el famoso Lorenzo de Médicis, deseando renovar el banquete platónico, designó a Francesco Bandini como maestro de ceremonias. Bandini dispuso celebrar el 7 de noviembre y recibió con pompa real en Careggi, en el campo, a nueve huéspedes platónicos: Antonio degli Agli, obispo de Fiesole; Ficino el médico; Cristoforo Landino, poeta: Bernardo Nuzzi, retórico, Tommaso Benci; Giovanni Cavalcanti (nuestro amigo, a quien los invitados designaron como héroe a causa de las virtudes de su espíritu y su hermosa apariencia), y los dos hermanos Marsuppini, Cristoforo y Carlo. Finalmente, Bandini quiso que yo fuera el noveno, de modo que con Marsilio Ficino añadido a los ya mencionados se alcanzara el número de las musas. Cuando el banquete fue retirado, Bernardo Nuzzi tomó el libro de Platón que se titula Simposio sobre el amor y leyó todos los discursos de ese simposio. Cuando hubo terminado, pidió a cada uno de los huéspedes que comentara uno de los discursos. Todos estuvieron de acuerdo, se echaron suertes y el primer discurso de Fedro correspondió a Giovanni Cavalcanti para que lo explicara; el discurso de Pausanias correspondió a Antonio el teólogo; el de Erisímaco el médico a Ficino el médico; el del poeta Aristófanes al poeta Cristoforo; el del joven Agatón a Carlo Marsuppini. A Tommaso Benci se le asignaron las intervenciones de Sócrates, y el papel de Alcibíades correspondió a Cristoforo Marsuppini. Todos aprobaron este sorteo, pero el obispo y el médico tuvieron que irse, uno para cuidar las almas, otro los cuerpos, y dejaron los papeles a Giovanni Cavalcanti; los demás se volvieron hacia él dispuestos a escuchar, y enmudecieron.” 
El grupo se disolvió a la muerte de Lorenzo el Magnífico, fallecido precisamente en Careggi en 1492. Dos años después morían en FlorenciaPoliziano y Pico della Mirandola en circunstancias muy misteriosas. Sus cuerpos fueron exhumados, y con las actuales técnicas los científicos pudieron determinar que ambos habían sido envenenados con arsénico, probablemente por orden del sucesor de Lorenzo de Médicis. 
Marsilio Ficino
En el lugar de la antigua academia florentina surgieron los Fratres Lucis(Hermanos de la Luz), una inquietante hermandad mística fundada en Florencia en 1498 y que continuó existiendo hasta el siglo XVIII. Entre sus miembros se contaron personajes como Cagliostro y el conde de Saint Germain.

EMBARCACIONES


La Carabela
En el siglo XIV se denominaba carabela a pequeños barcos de pesca o comercio de cabotaje dotados de velas y remos que hacían las rutas del Mediterráneo y costas subatlánticas. El paso de esta clase de barcos a las carabelas que afrontaron los peligros de la navegación en el Océano Atlántico fue gradual. A principios del siglo XV era un barco de casco redondeado, de 25 a 50 toneladas y dotado de puentes en las unidades mayores. El aparejo inicial solía ser de velas latinas aunque, más tarde, se aplicaron también velas cuadradas.
La técnica constructiva era la típica mediterránea, es decir, de tablazón superpuesto, alineados borde con borde. En la construcción de la carabela se aplicaba la regla 3:2:1, esto es, que la eslora era tres veces el calado de buque y dos veces la manga. A mediados del siglo XV comienza la era de oro de la carabela alcanzando las 200 toneladas y experimentando una evolución en la superestructura que montaba ya castillo de proa y alcázar en la popa donde se instalaron los cañones que comenzaban a generalizarse en las flotas de guerra. En esta época se refuerzan las diferencias entre la carabela latina, con velas triangulares y sin castillo de proa, y la carabela de velas cuadradas con ambos castillos y velas cuadradas. Es en esta época cuando algunas carabelas comienzan a montar un cuarto palo. Era un barco apto para navegar de bolina y en zonas de bajíos por su excelente maniobrabilidad.
La carabela presentaba, no obstante, algunos inconvenientes. El frágil casco de las carabelas sufría constantes averías en el casco, especialmente en la arboladura, cuyos mástiles o vergas se quebraban con relativa facilidad y las juntas del casco se abrían con cierta frecuencia provocando filtraciones de agua de bastante importancia por lo que, en muchos casos, eran desmantelados nada más llegar a puerto después de largas navegaciones, al ser casi imposible repararlos.
A pesar de todo, esta clase de buques fue la que llevó el mayor peso en la época de los descubrimientos, soportando tempestades e iniciando las rutas entre Europa y América o Europa y Asia a través del Cabo de Buena Esperanza.
 
San Rafael
Nación: Portugal
Construcción: 1400
Desplazamiento: 53 toneladas
Eslora: 21'5 metros
Armamento: 4 culebrinas
Tripulación: 30

Los navegantes portugueses fueron los primeros en intentar llegar a las Islas de las Especias o Islas Molucas, situadas en los mares de Borneo. Para ello bordeaban las costas de África y doblando en Cabo de Buena Esperanza se adentraban por el Indico para comerciar con las especias evitando el control que de las rutas terrestres tenía el Imperio Turco.  
Para lograr esto era preciso primero explorar las costas africanas. Entre las múltiples expediciones ordenadas por el Rey de Portugal, Enrique el Navegante, figura la realizada en 1434 por Alonso GonÇalves por las costas de los actuales Marruecos, Mauritania y Sahara. El San Rafael formaba parte de esta expedición y por primera vez en las expediciones portuguesas, tuvo que combatir con los habitantes de la denominada Bahía de los Caballeros, cerca del cabo Bojador.
                 
Grande Hermine
Nación: Francia
Construcción: 1500 aprox.
Desplazamiento: 200 toneladas
Eslora: 33 metros
Armamento: 4 culebrinas
Tripulación: 50

La Grande Hermine era una carabela redonda de tres mástiles construida en Francia para realizar misiones de exploración de la América recién descubierta. El camino abierto por Colón y los descubrimientos y colonizaciones realizadas por Españoles y Portugueses, animaron a las demás potencias europeas a explorar las costas americanas. Francia inició sus viajes hacia América de la mano de Jacques Cartier.
En 1534 con la Grande Hermine y 10 barcos más, efectuó el primer viaje a Canadá remontando la desembocadura del rió San Lorenzo y denominando a la zona Nueva Francia. Años más tarde, con tres carabelas, La Grande Hermine, la Petite Hermine y la Ermillon, realizó el segundo viaje donde navegó a lo largo del rió San Lorenzo a fin de fundar el primer establecimiento francés en el Nuevo Mundo.
 
Extremadura
Nación: España
Construcción: 1511
Desplazamiento: 228 toneladas
Eslora: 35 metros
Armamento: 24 culebrinas de 9 libras
Tripulación: 86 marineros y 120 soldados

La Extremadura era una carabela de gran porte para las de su época y formaba parte de la escuadra de levante. En esa época los corsarios berberiscos estacionados en las costas de Argel y Túnez, con sus veloces jabeques, eran un peligro para la navegación comercial y para las villas y pueblos costeros, víctimas de los saqueos. Para poner coto a los desmanes el Emperador Carlos V ordenó la ocupación de Argel, centro de operaciones de gran corsario berberisco Barbarroja. El 24 de agosto de 1517, una flota de 50 galeras y 400 barcos entre mercantes y de guerra de España, Nápoles, Génova, Estados Pontificios y de la Orden de Malta se presentó ante Argel. Mientras desembarcaban las tropas para ocupar la ciudad, una fuerte tempestad se desencadenó haciendo naufragar más de 40 barcos e impidiendo el buen resultado de la expedición. Entre los hundidos figura el Extremadura.

La mejor tecnología naval de Europa.
De forma constante, en los tratados de navegación y construcción naval del siglo XV y XVI, se hace especial hincapié en las diferencias estructurales que, desde antiguo, existían entre las embarcaciones destinadas a la exploración y las dedicadas al comercio. La travesía del Atlántico obligó a introducir diferentes mejoras en los barcos para adecuarlos fundamentalmente a vientos constantes y largas navegaciones "...el mar que ha(n) de navegar o para los negocios que ha(n) de servir. Porque se ha de servir para carga y mercancía ha menester una fábrica y, para la guerra, otra...", según nos relata Fernando Oliveira, navegante, y autor de un valioso tratado de arquitectura naval en la época.
Podríamos entender por nave comercial o de "merchante" a un barco de dimensiones "redondas", es decir, de manga considerable en relación con la eslora, y de alto bordo, es decir, con mayor capacidad de carga. Cada navío se ajusta a una líneas, medidas y proporciones en cuanto a casco y aparejo, según su propulsión, a vela (naos, carabelas, esquifes, etc.), remo, (galeras, galeazas, galeones agalerados, fragatas...) o mixtos, adecuándose al mismo tiempo a las características del mar y costas que ha de frecuentar: para mares tranquilos y de bajos "fazem naquella terra as suas urcas rasas por bayxo, e de fundo largo", de manera que la tradición de los carpinteros de ribera de la época, era fruto de una experiencia y arte de proporciones, acorde con los fines y medios de la navegación. La propia perfección del arte de la construcción naval perseguía las tres grandes virtudes de un barco: fortaleza, ligereza y velocidad.
Una de las cuestiones previas para el conocimiento de los barcos que cruzaron el Atlántico y sus cargas, es el establecimiento del arqueo (determinar la cabida de una embarcación) para lo cual es necesario conocer la unidad de arqueo utilizada en la época. La falta de normalización y los problemas que esto ocasionaba ya fue apuntada por Colón, quien en 1.494 sugirió la utilización generalizada del tonel sevillano como unidad de medida, sin olvidar que el concepto de arqueo, como desplazamiento de un barco, no aparecería hasta siglos posteriores, cuando fue posible calcular el peso del casco de la embarcación. Por ello, cuando obtenemos datos sobre las dimensiones de barcos de estas fechas, habremos de asignarlas a la capacidad de carga, en relación al volumen / peso que un barco podía transportar.

Las unidades de arqueo.
La falta de normalización de estas unidades ya mencionada, obliga a tener siempre presente la distinción entre toneles, relacionados con la carga, y toneladas, que desde antiguo tenían que ver con la determinación del sueldo. Por otra parte, será preciso valorar la localización geográfica de tales medidas, si en el norte de España, el Cantábrico o en Andalucía, concretamente en el golfo de Cádiz.
Los valores medios de cada medida son los siguientes:
 Tonel cantábrico o macho = 1,5183 m/3
Tonel andaluz o tonelada de carga = 1,3844 m/3
Tonel portugués = 1,6374 m/3
En 1590 tuvo lugar en España la definitiva sistematización de la unidad de arqueo, que continuó en uso hasta el siglo pasado. La determinación exacta de la capacidad de carga de un barco, aspecto de fundamental importancia en relación con la prevención de fraudes, estimación del seguro, cuantificación de la tripulación, armamento necesario, etc., fue siempre una difícil cuestión incluso para los propios carpinteros de ribera. Las Ordenanzas de 1.505, 1.510, 1.511 y posteriores, establecían que los visitadores de la Casa de la Contratación debían determinar el arqueo de cada uno de los barcos preparados para cruzar el océano.
No obstante la experiencia adquirida, fundamentalmente en el mundo de la construcción naval, proporcionaba unos datos aproximados de los arqueos, sobre la base de las dimensiones de la quilla, manga y puntal, siendo este último la medida existente entre la cubierta y la quilla, es decir, calado mas francobordo, o "...lo que tiene de hueco de alto para bajo... lo que hay desde la primera cubierta fija medido a pique del árbol mayor hasta el plan por el ras de la quilla…”. En cuanto a la longitud de la quilla, en esta época se refería únicamente a su tramo recto, y no a los lanzamientos de proa y popa. Aunque hasta comienzos del siglo XVII no encontramos un sistema de arqueo, que vemos reflejado en la obra de Tomé Cano, "Arte para fabricar Naos" (1.611), es de especial interés la documentación que sobre este punto existe en el Archivo General de Simancas, ilustrativa para mediados del siglo XVI (1.552) del uso de un método de arqueo que requería la visita al barco una vez cargado:
"estando el dicho navío presto para hacerse a la vela, armado y adereçado y a punto para navegar...".
En la visita, se efectuaba una medición de la bodega del barco, calculando el número de pipas que podría albergar en cada "andana" o distintos niveles de almacenamiento de pipas, siendo el número usual de andanas, para un barco de aproximadamente 600 toneladas, de cuatro.
El número total de pipas resultante debía ser dividido por dos para obtener el número de toneles machos, número al que añadiéndole el 25 %, daba el volumen en toneladas de la embarcación.
El tamaño medio de los barcos utilizados en el tráfico Atlántico con fines comerciales, sufrió un progresivo aumento, fomentado por la Corona ya desde la época de los Reyes Católicos. A las embarcaciones de entre 600 y 1000 toneles (machos) se concedió un sueldo o "acostamiento" de 10.000 maravedíes por cada 100 toneladas, lo que posteriormente se amplió, en Real Cédula de Madrid, 6 de mayo de 1.563, a barcos con porte superior a 300 toneles. Otra medida encaminada a fomentar la construcción de barcos de mayor tonelaje, fue asimismo establecida por los Reyes Católicos por medio del otorgamiento de preferencia de carga o "privilegio de mayoría”.
No indican las anteriores acciones de la Corona sino una coincidencia con el parecer de los tratadistas navales del siglo, Fernando Oliveira, Juan Escalante…, quienes estiman como tonelaje medio recomendable para largas navegaciones oceánicas el de 500 toneles, "por que os pequenos, não forrão despeza". La bodega debía ser ocupada por provisiones, alimentos y armamento, no dejando apenas espacio disponible para mercaderías. Otro factor que subrayaba la conveniencia de los barcos grandes era el tema de la seguridad "porque de los ladrones mucho mejor se defiende el grande que el pequeño" (Oliveira). Vemos sin embargo que, si bien estos dos tratadistas contemporáneos coinciden en bastantes aspectos de sus disertaciones náuticas, Escalante subraya, en cuanto al porte recomendable de los navíos, el peligro de los huracanes para los barcos superiores a 500 toneladas, pues:

"... si de necesidad hubiese de pasar alguna tormenta o huracán de los que suele haber en las navegaciones de los mares y tierras occidentales, antes me querría hallar en ella …[nave de alrededor de 500]" (Escalante "Itinerario de Navegación, 1.575. Museo Naval, 1.985, Pág. 33).
Réplica de la Santa María surcando los mares. La nao, a diferencia de la carabela, se aparejaba de velas diferentes.
La descripción de Juan Escalante de Mendoza es la mas detallada que se conoce: "la quilla, que es el principio y primer palo para cualquier nao, sobre que ella se arma y funda, debe ser de roble, muy derecha, y si pudiese ser de una sola pieza, será mejor. Y toda la demás madera que se cortare de cualquier árbol, no solamente para nao, mas también para cualquier otro edificio que se haga de madera, conviene que sea cortada cuando se acaba de caer la hoja y fruta del mismo árbol que se quiere cortar, en el principio de los días del segundo cuarto de la menguante de la luna, porque entonces están los árboles con menos humidad y mejor sazón y disposición. Las cuales maderas han de ser cortadas con la sazón que he dicho, y curadas al sol, y pasar por ellas a lo menos un año antes de que se pongan en el edificio y fábrica de la nao que se pretende hacer.
Y para las obras altas de las naos, a que los marineros llamamos muertas, es muy buena madera el pino de la villa de Utrera, lugar de la ciudad de Sevilla, u otro que sea de su especie. Y la mejor estopa con que las naos se puedan calafatear es el cerro del cáñamo. Y la brea de Vizcaya es muy buena echándole en abundancia de sayn de ballena. Los clavos deben ser de hierro que no sea de lo muy agro, aunque si no fuese a mas costa, serían mejores de bronce, porque es muy durable y no lo gasta ni consume el orín tan presto como el hierro. Y no se deben clavar con cabillas de palo las naves que han de navegar a los puertos meridionales, como les suelen clavar fuera de España, en Flandes, Francia e Inglaterra y otras partes.
Los mástiles y entenas serán muy buenos de pinos del que se trae de Flandes, que está experimentado, que no hay madera más competente para ello, especialmente del pino a que los flamencos llaman Prusa. Las gavias deben ser las más livianas que se pudieren, por que no den a la nao peso ni demasiado pendor, que es lo que siempre se debe mirar y pretender, y así se deben hacer de madera más liviana. La mejor jarcia es la que se hace de cáñamo que se dice de Calatayud, y más sendo alquitranada en hilo antes que sea colchada y torcida. Las velas serán mejores cuanto mas delgadas, recias y topidas, y el mejor lienzo que para ellas se halla es el de las olonas de Pondavid, y después las de Villa de Conde do Portugal, como se tiene visto por exacta evidencia en estas nuestras navegaciones".
Durante la construcción en el astillero, se hace constar la importancia fundamental de la orientación de las gradas. Éstas debían estar en lo posible en sentido norte-sur: " armar el navío en el astillero de manera de que cada día le dé tanto sol por el un costado como por el otro, porque de secarse mas la una madera que la otra viene a pesar mas el un costado que el otro, y a pender mas de aquella parte y andar siempre el navío siempre descompasado, y viene a tener mañas de mal marinero, y recio de timón mas de una parte que de la otra, digo, mas yendo de un bordo que del otro, aunque el timón pesque el agua que conviene".
Colón hace pocas referencias a los aspectos constructivos de las naves, si exceptuamos sus quejas sobre el trabajo de calafateado que hicieron antes de su partida de Palos y que, después de su primer viaje, recuerda Las Casas: “hacían agua mucha las carabelas por la quilla, y quejase mucho de los calafates que en Palos las calafatearon muy mal y que cuando vieron que el Almirante había entendido el defecto de su obra y los quisiera constreñir a que la enmendaran, huyeron”.
El número de anclas solía ir de cuatro a siete. Cuando se trataba del máximo, cuatro iban situadas en la proa y dos rezones para espiarse por la popa, dejando un ancla de doble peso en la bodega para casos extremos, que se llamaba de esperanza o fornaresa.
Cuando los barcos se terminaban de construir, se realizaban unas pruebas de navegación que servían para ponerlos a punto y corregir sus defectos. Tomé Cano escribe: “el buen marinero procura remediar en su nao la falta que sacó del astillero de mal gobernar, haciéndole contracodaste, enmendándole el timón, y compensándole a proa o popa los árboles, carga y lastre”. Lo cual nos indica que conocía la importancia de la posición del centro de deriva, del centro vélico y del trimado del barco. El batel (barquito pequeño, de apoyo) es otro elemento fundamental que ha suscitado una gran discordia. Escalante indica que la capacidad del batel debía permitir que se cargase la nao en cincuenta barcadas o bateladas.
 Cuadernas de una embarcación en construcción. Éstas, constituyen el "esqueleto" de la nave.
Cuadernas de una embarcación en construcción. Éstas, constituyen el "esqueleto" de la nave.
Carabelas portuguesas y castellanas.
Ahora que entendemos a grosso modo cómo se construía un buque, podemos hacer referencia a una orden de Don Joao II de Portugal pidiendo la construcción de una nao de 1.000 toneladas, cuando generalmente estas embarcaciones no sobrepasaban las 300 toneladas. Así, podemos llegar a comprender la razón por la que los astilleros de la Península eran tan prestigiosos. El más importante de estos astilleros era la Ribera das Naus en Lisboa. João Brandão de Buarcos, recoge en un escrito de 1.552, el número de 150 carpinteros de ribera, 150 calafates y numeroso personal dedicado a otras tareas en las que también intervenían esclavos.
Es fácil imaginar pues, que la ambición por el comercio con las nuevas colonias, impulsara drásticos cambios en la construcción naval. Ya para la expedición naval de Colón, se emplearon dos carabelas, La Pinta y la Niña, que tenían unos 20 metros de eslora y 7 de manga, mientras que la Santa Maria era una nao. Seguramente, en la construcción de las carabelas de Colón se aplicaron buena parte de los saberes de la época, tal y como se refleja en un documento para “la construcción de una carabela de descubrir”.
Dicho modelo, tenía un casco bien proporcionado y con grandes velas latinas de dimensiones superiores a los de otros navíos que esa época aparejaban velas latinas, existiendo una sutil diferencia entre las carabelas portuguesas y las castellanas: las portuguesas eran normalmente aparejadas con velas latinas mientras que las castellanas, con velas cuadras a proa y latina en la mesana. Por lo general arbolaban dos mástiles, aparejados con vela latina, si bien llegaban a disponer de hasta tres mástiles y la tripulación habitual sería de 15 o 20 hombres, aunque en una expedición llevada a cabo por Rui Sousa al Congo (en 1.490) el número de hombres llegó a los 63. El tipo de aparejo latino se mantuvo en las carabelas portuguesas, ya que por el tipo de navegación al uso que empleaban, en las costas africanas, era ideal. Sin embargo, la carabela española pasó de ser una caravela latina a una caravela redonda. Ahora se trataba de una embarcación de tres palos, aparejándose con al menos una vela cuadrada y con el palo mayor desplazado hacia el centro de la embarcación y el mástil de mesana hacia el castillo de popa. En el caso de la Pinta, cuando arribó a las Canarias, se transformó el aparejo y se pasó de una carabela latina a una redonda.

La vida a bordo.
La dieta del hombre de mar estaba formada por contados alimentos, carentes de vitaminas que hacían frecuente la aparición del escorbuto: bizcocho (pan cocido dos veces, de harina, azúcar y otros ingredientes, que se almacenaba en sacos), pescado seco, bastina (una clase de pescado), tocino añejo, habas, garbanzos, lentejas, harina, ajos, quesos (conservados en barriles), miel ("embasada") o miel de azúcar, almendras "con casco", anchoas (en barriles), pasas de sol y lejía, ciruelas pasas, higos, azúcar, carne de membrillo (en cajas), cebollas, alcaparras (en jarras), mostaza (en jarras), arroz y sal, además de llevar sardina blanca para pescar.
La vida en el interior de una carabela: imagen perteneciente al Museo de la carabela Pinta, en Baiona.
La vida en el interior de una carabela: imagen perteneciente al Museo de la carabela Pinta, en Baiona.
Los alimentos más preciados, una vez cargados a bordo, eran controlados "debajo de llave y guarda" del despensero en "jaulas de hierro”. Aquel actuaba como mayordomo del maestre, además de ser el encargado de vigilar y cuidar el fuego del fogón, que nadie sino él podía introducir bajo cubierta. En la nao capitana, como es el caso de la flota de Fernando de Magallanes, se custodiaban los materiales de "botica", administrados por el físico cuando era necesario y que incluían ungüentos, aceites, aguas destiladas, un almirez, etc. 
Entre la tripulación se incluía a un escribano, que debía levantar un libro con las fechas y detalle de todas las mercancías que componían la carga. Por ejemplo, en el caso de telas, debía medir y consignar el número de varas de cada pieza, incluyendo una descripción del material. Si por desgracia durante la travesía eran víctimas de alguna tormenta que obligaba a aligerar parte de la carga o como decían ellos "hacer echazón", el escribano debía anotar cada mercancía arrojada al mar y el nombre de la persona que la había embarcado, así como el día, mes, año y lugar donde se perdía el cargamento. Una vez en destino, el dueño o persona que recibía las mercaderías debía firmar en el libro de asientos del escribano, su recepción y la forma y estado en que habían llegado. 
Calafates y carpinteros llevaban consigo las herramientas necesarias para el mantenimiento del barco. Los lombarderos respondían del estado de la artillería, la pólvora y demás instrumentos utilizados para mantener y preparar el fuego de la artillería. Cada miembro de la tripulación estaba autorizado a llevar una caja con sus pertenencias y ropas, cuyo volumen o número variaba según el rango. 
Nada más llegar a las costas americanas, en las islas Deseada y Dominica, se volvían a rellenar las pipas de agua, mientras que en el camino de vuelta a España, la última recalada para hacer aguada y tomar leña se verificaba en el puerto cubano de La Habana. En real cedula dirigida a la Casa de la Contratación de las Indias, se regula el modo del transporte de agua:
"Por quanto una de las mas necessarias provisiones de la mar es el agua, y por yr en vasijas de tierra somos informados que suele quebrarse y aver mucha falta, ordenamos y mandamos que... por lo menos [se] cargue las dos partes del agua que le fuere necessaria en pipas bien adereçadas, que no ayan tenido vino, y la tercia parte pueda cargar en botijas...”.

Navegar como en el S.XV y XVI.

A día de hoy, los diferentes intentos por reproducir las naves originales de aquella aventura que “descubrió” un Nuevo Mundo para Europa, podemos considerar que han sido inútiles. Según los datos del diario de Colón, la estimación de las distancias navegadas con respecto a la realidad, arroja un error de sólo un 4%. Colón indica las distancias en leguas y las transforma en millas, de tal manera que una legua equivale a cuatro millas. Calculando las distancias reales navegadas, deducimos que la milla a la que se refiere Colón es la milla romana de 1.480 metros. En el primer viaje, Colón escribe, el 5 de octubre, en su diario que su velocidad es de 11 millas por hora, y dos días después bate el récord de ese viaje al alcanzar las 12 millas por hora; según el valor de la milla actual, esto supone una velocidad de 9,6 nudos. El 10 de septiembre fue el día en que la flota hizo la singladura más larga, 240 millas, lo cual nos da una media de 10 millas, lo que equivale a 8 millas actuales. Colón realizó la primera travesía del Atlántico en 35 días, mientras que en la cuarta travesía tardó únicamente 21 días.
Colón desembarcando en Guanahaní el 12 de octubre de 1.492. Actualmente se cree que este lugar, el primero en que desembarcó, era Cat Island, en las Bahamas, si bien existe controversia al respecto. Las carabelas habían propiciado el inicio de la Era de los Descubrimientos.

Colón desembarcando en Guanahaní el 12 de octubre de 1.492. Actualmente se cree que este lugar, el primero en que desembarcó, era Cat Island, en las Bahamas, si bien existe controversia al respecto. Las carabelas habían propiciado el inicio de la Era de los Descubrimientos.
Pero las diferentes reproducciones que se han hecho de las naves colombinas están muy lejos de estas cifras. Por ejemplo, Carlos Etayo, en 1.992, tardó 77 días en cruzar el Atlántico en una reproducción lo más fidedigna posible de aquellas carabelas. Podemos deducir, que para poder alcanzar las velocidades que Colón anotó en su diario, los barcos tenían que ser muy diferentes.
Y es que en los barcos cuyo coeficiente de velocidad es bajo (alrededor del 0,5) el ángulo de entrada de las líneas de agua puede ser muy abierto, dando lugar a formas de proa muy llenas, lo que era habitual en los barcos de carga, siendo la parte mas importante de la resistencia al avance la creada por la separación en la salida de popa; por ese motivo, se buscaban unas formas de salida de popa lo mas suaves posibles. Cuando el coeficiente de velocidad aumenta y se acerca a la unidad, la resistencia por formación de olas crece rápidamente y se hace necesario reducir el ángulo de las líneas de entrada. 
Si tomamos como referencia la carabela mas pequeña, la Niña, existe una disparidad muy grande entre la construida para el V centenario, cuya eslora en flotación era de 19,3 metros, y la de Etayo, que sólo tenía 10,5 metros. Es obvio que, con una eslora de 10,5 metros, necesitaríamos un coeficiente de velocidad superior al 1,6, lo que es absolutamente imposible, de ahí que la eslora de la réplica de Etayo no pudiera ser correcta. No ocurre lo mismo, en lo que a eslora se refiere, con la reproducción de la carabela realizada en 1.992, pero el plano de formas que se utilizó está muy lejos del barco original. Tanto en la Santa María como en las dos carabelas, la resistencia por formación de olas aumenta de forma muy acusada a partir de los 6 nudos, la superficie vélica debería aumentarse tres veces para vencer la diferencia de resistencia total que existe entre navegar a 6,5 o a 9 nudos. Las formas del casco no sólo eran fallidas en lo que a la entrada de las líneas de agua en la proa se refiere, sino que ocasionaban una penosa salida de aguas en la popa que dejaba el timón sin circulación.
Sea como fuere, lo que no puede dejar de impresionarnos es que la tecnología naval en una época en la que se iniciaron los drásticos cambios que acelerarían el proceso de modernización de la Vieja Europa, fueron sorprendentemente avanzados y muy adecuados para el propósito que se perseguía: descubrir nuevos mundos que enriquecieran las arcas de aquellos países que dominaron las rutas oceánicas durante los siglos posteriores



El palacio renacentista






Palacio Strozzi 

El palacio renacentista
  
Muchos fueron los factores que determinaron que el renacimiento del clasicismo tuviera lugar en la pequeña República de Florencia. En primer lugar, la arquitectura gótica, triunfante en toda Europa, nunca fue del todo aceptada por los pueblos de Italia. Por el contrario fue considerada como un arte extranjero, ajeno a su sensibilidad y a su tradición.
Salvo en casos excepcionales como el de la Catedral de Milán, diseñada por arquitectos extranjeros, los edificios góticos italianos presentan sólo algunos aspectos superficiales de esa arte mientras que permanecen clásicos en cuanto a que el sistema estructural es de pesados muros en vez de delicados nervios, el espacio presenta una verticalidad mucho menos acusada y la iluminación es a través de pequeñas ventanas y no de grandes vidrieras.
  Por otra parte, Florencia en particular se había convertido en una potencia económica gracias al comercio de la lana, a su industria textil y a sus prestigiosos bancos. Por entonces el florín, la moneda de oro florentina, circulaba por toda Europa y se había convertido en la unidad cambiaria de referencia del continente. Esta prosperidad material fue acompañada por un anhelo de progreso artístico e intelectual de las clases altas. Éstas estaban orgullosas de sus méritos y gozaban del tiempo libre necesario para poder avocarse al estudio de la antigüedad clásica. La primera cuestión derivó en el desarrollo de un pensamiento centrado en el hombre: el Humanismo; la segunda, en la revitalización y emulación de las obras de la antigüedad clásica: el Renacimiento.     
  Los poderosos príncipes mercaderes del Renacimiento eran diplomáticos, guerreros, poetas y estudiosos de la antigüedad; dominaban las lenguas clásicas y coleccionaban pergaminos y obras de arte antiguos. Estos hombres patrocinaban generosamente las artes encomendando pinturas, esculturas y obras de arquitectura, tanto para sí como para la comunidad. Dicho fomento particular del arte será conocido como el Mecenazgo.   El refinamiento en las costumbres de las clases altas dio origen a una nueva tipología residencial: el palacio. Acorde con los tiempos y a diferencia del castillo medieval, emblema del feudalismo, este tipo edilicio estará ubicado en plena ciudad, carecerá de murallas y fortificaciones y será el símbolo de la sofisticación y urbanidad de la burguesía triunfante.  
  La principal base teórica de la arquitectura del Renacimiento fue un tratado escrito en el siglo I a.C.,  cuyo autor es un arquitecto romano, Marco Vitruvio Polión. A pesar de que no tuvo gran repercusión en su tiempo, el tratado de Vitruvio se convirtió en una obra de culto para los arquitectos renacentistas debido a que era el único libro de su especie que había llegado a sus días desde los tiempos clásicos. Este manual de arquitectura versa -entre otras cosas- sobre los órdenes clásicos, la simetría y las formas y proporciones ideales. Estas últimas provienen
de las teorías de Platón sobre la perfección intrínseca del círculo, el cuadrado y sus figuras y cuerpos geométricos derivados. También expresa que las proporciones ideales pueden encontrarse en el cuerpo humano y relaciona ello con las formas de Platón. Leonardo Da Vinci fue quien logró trasladar exitosamente esta idea al papel, concibiendo el famoso dibujo conocido como el Hombre de Vitruvio.  Tanto como para Pitágoras, para los arquitectos del
Renacimiento todo era número. Sostenían que así como la racionalidad numérica creaba armonía en la música, crearía belleza en la arquitectura. De allí deviene el hecho de que proyectaran los edificios bajo estrictas relaciones matemáticas.  
  El palacio renacentista, siguiendo la tradición mediterránea, se organiza en torno a un patio central. El mismo está rodeado, en planta baja, de galerías abovedadas sostenidas por arcos que descansan sobre delgadas columnas clásicas. Sobre las galerías habrá tantos niveles como tenga el edificio sobre la planta baja. El palacio renacentista es idealmente cuadrado y su patio también. Ello respondía a la idea de la planta centralizada, la cual se apoyaba en el concepto humanista del hombre como centro, que se pone de manifiesto en la Oración de la Dignidad del
Hombre, de Pico de la Mirandola: “Te he puesto en el centro de la creación para que en adelante puedas observar más fácilmente todo lo que hay en el mundo que te rodea”.
  Los palacios renacentistas generalmente se desarrollan en tres niveles: la planta baja daba lugar a las oficinas; el primer piso, el piano nobile, estaba destinado a la familia y el segundo a los sirvientes. Las escaleras que vinculan los diferentes niveles no tienen el protagonismo que alcanzarán en el período barroco. León Battista Alberti, arquitecto y tratadista del Renacimiento escribirá al respecto: “Cuantas menos escaleras haya en un edificio y menor sea el espacio que ocupen, menos molestias causarán”.      
  Las fachadas del palacio renacentista son simétricas y se desarrollan en un mismo plano, sin cuerpos adelantados ni retranqueos, lo cual permite una clara lectura del volumen del edificio. Siguiendo la tradición medieval, están decoradas con almohadillados que simulan sillares de piedra rústica. Sin embargo, los arquitectos del Renacimiento dieron a esta tradición un sentido totalmente nuevo: dispusieron pesados y toscos sillares para la planta baja, más livianos para el primer piso y aún más para el segundo. Mediante esta gradación se hace una clara diferenciación de los niveles y se otorga a la fachada “tectonicidad”, es decir, la impresión de que las partes inferiores pueden soportar el peso de las superiores. Coronando las aberturas, que se disponen en forma regular, los sillares forman arcos y de esa forma las jerarquizan. Es de destacar que, siguiendo con la tradición medieval, las ventanas de los palacios renacentistas están divididas al medio por una columna que sostiene los dos arquillos que conforman el dintel. Este tipo de ventana recibe el nombre de ajimez.  
  Los primeros palacios del Renacimiento están rematados por una cornisa clásica proporcionada a la altura total del edificio. Dicho coronamiento permite ocultar los tejados y de esta forma no alterar la volumetría cúbica. Así son los palacios Picolomini, de Alberti, en Siena (1469); Medici-Riccardi, de Michelozzo di Bartolommeo (1444) y Strozzi, de Benedetto da Maiano (1489), los dos últimos en Florencia. A medida que progresaban los estudios sobre las ruinas de Roma, las fachadas se fueron enriqueciendo mediante la introducción de otros elementos de la arquitectura clásica.

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